Biografía de José María Muñoz Quirós

 


José María Muñoz Quirós (Ávila, 1957) es Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Salamanca, Catedrático de Lengua y Literatura de Enseñanza Secundaria y Doctor por la Universidad de Valladolid. Ejerce las presidencias de la Academia de Artes y Letras de Ávila y de la Academia de Juglares de Fontiveros, dirige la revista de artes y letras El Cobaya y es Miembro de Número de la Academia de Poesía de Castilla y León. Esta amplia experiencia le permite participar en encuentros de literatura, como: Buenos Aires: Encuentro Corazón de cinco esquinas (2011), Ecuador: Encuentro Paralelo Cero (2012), La India: Hay Festival  (2012) y España: Hay Festival (2011, 2012, 2013 y 2014).
 
Su corpus poético comienza con Ternura extraña (1983), a la que seguirán, entre otros, Naufragios y otras Islas (1988), Ritual de los espejos (1991), El sueño del Guerrero (1994), Rosa Rosae (1995), Material reservado (2000), Tiempo y memoria (2002), El don de la palabra (2002), Celada de piedra (2005) y El rostro de la niebla (2009); reconocido con premios como el accésit de Adonáis en 1990, el Premio Nacional de poesía Tiflos en 1997, el Premio Internacional de poesía Jaime Gil de Biedma en 1998, el Premio Internacional de poesía San Juan de la Cruz en 2005 y el Premio Ciudad de Salamanca en 2007. Este trabajo se ve enriquecido con la directa y honda relación que mantiene con otras artes, especialmente con la pintura, más recientemente a través de La piedra y el viento, con Agustín Ibarrola, (2008), Homenaje a José Carralero (2012), Forma y palabra, con J. A. Elvira, (2013) y Homenaje a Cristóval Gavarrón (2013).
 
Realizó colaboraciones en prensa y en revistas literarias. Su obra ha sido traducida a diversas lenguas (inglés, portugués y árabe), estudiada en tesis doctorales y reconocida por autores y críticos como José Hierro, Jesús Hilario Tundidor y Carlos Aganzo.
 
Centrada en la creación, en la necesidad de ahondar sus misterios y sus abismos, su obra «se mueve por los parámetros de la temporalidad herida, del fracaso de lo que se pierde en el dramático transcurrir de la vida». Siempre empleando un lenguaje hondo, sobrio y preciso, con el paso del tiempo ha ido evolucionando hacia una mirada interior cada vez más intensa, hacia un paisaje «donde solo habita la propia densidad de la palabra y sus límites».
 
En La voz del retorno Juan González Soto descubre que «la evocación del poeta está regada de nostalgia, pero no está inundada por la tristeza», pues «al recuerdo le anima el deseo de volver a vivir cuanto se vivió, que no es una repetición de lo vivido, sino el preciso dibujo de una felicidad pasada ahora nuevamente vivida. Presente y pasado conviven, de este modo, en idénticos planos, con grafías distantes y también cercanas».
 
[ Ourense, febrero de 2015 ]
 
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