Entrevista a Javier Rodríguez González, Autor de PRELUDIO A LA CEGUERA






 







«No pienso en el futuro,
pero sospecho que la lírica
es mi territorio natural y va a
seguir siéndolo.»



Javier Rodríguez González
BIOGRAFÍA



Fotografías de Mark Ritchie
[ Ourense, 16 de abril de 2014 ]
 
Yo soy un “auditor”, alguien
que deja que la desnudez germinal

de la palabra vaya madurando en su interior.


¿De dónde nace el poema, su poesía? ¿Cómo es su construcción?
 
No creo que sea capaz de responder con brevedad y precisión a una pregunta tan compleja. Por lo pronto, le puedo confesar que nunca escribo con un esbozo mental previo. Mi poesía nace de una actitud consciente de contemplación y escucha. Yo soy un auditor, alguien que se mantiene siempre a la expectativa, en alerta, que deja que la desnudez germinal de la palabra vaya madurando en su interior.

Además, en mi caso particular, el momento de la creación y la comprensión se entreveran de una forma misteriosa, forman, por así decirlo, una extraña unidad de sentido. Porque escribir un poema implica también explorar los significados latentes que nacen en íntima comunión con él. Estoy persuadido de que el poeta es poseído por el lenguaje, y cuando se dispone a elaborar el poema, inicia un proceso de búsqueda del que da testimonio la propia gestación de sus versos. En fin, «todo poema −decía Valente− es un conocimiento “haciéndose”». Recientemente, releyendo algunos ensayos de Luis Rosales, encontré una apreciación muy atinada: «la poesía no es solamente una pregunta que no tiene contestación: es el ser mismo de la pregunta». Esta afirmación encierra toda una poética.

¿Por qué ha aceptado, al final, publicar Preludio a la ceguera sabidas sus reticencias a ello? ¿Cuáles eran los motivos para no publicarlo?
 
Siempre he sentido escaso aprecio hacia mi obra poética, esa es la verdad. ¿Por qué publicar un libro si el propio autor no tiene fe en él? Bien mirado, la publicación de Preludio a la ceguera, obedece a razones estrictamente emocionales. Cuando murió mi gato Tuno, hace ya más de un año, sentí súbitamente la necesidad de honrar su memoria con un libro de versos. Durante casi un lustro, Tuno fue mi fiel compañero de fatigas literarias, el más generoso y paciente oyente de mis versos. Extraño esa complicidad única, que me parece hoy, vista con cierta perspectiva, casi milagrosa, impensable entre dos seres humanos…
 
¿Complicidad impensable entre dos seres humanos…?
 
Bueno, quizás sea exagerada esa última afirmación. Espero no ser un misántropo, pero creo que hay cualidades en los animales que son muy poco comunes entre los seres humanos. Ojalá me equivoque… Con mi gato yo pude disfrutar de mi soledad y, al mismo tiempo, sentirme acompañado, acogido, comprendido…

¿Cómo describiría lo que contiene su libro?
 
Preludio a la ceguera no es un poemario en sentido estricto. Quiero decir que no está constituido por una agrupación de poemas que conformen una estructura lógica y bien cohesionada. El lector encontrará una recopilación de las diversas tentativas poéticas que he ido elaborando a lo largo de los últimos cinco años. Ignoro si hay un hilo conductor o un nexo de unión entre ellos. En el epílogo, Ramón Cao Martínez, con su habitual pericia crítica, ofrece algunas claves exegéticas que a mí mismo me habrían pasado desapercibidas.
 
Dada su formación literaria y teológica, Usted también “trabaja” el ensayo… ¿Dónde se siente más cómodo, seguro, identificado?
 
La creación lírica exige un esfuerzo de introspección: hay que encontrar un clima espiritual y sosiego mental muy especial para poder escribir un poema, y sobrellevarlo se me hace doloroso en ocasiones, me disuade de la escritura. El sufrimiento parece inherente al acto creador. Por otra parte, la elaboración de un ensayo no me compromete tanto a nivel personal. No pienso en el futuro, hay que vivir aquí y ahora, pero sospecho que la lírica es mi territorio natural y va a seguir siéndolo.

   

Tanto como que este libro está avalado por un prólogo y un epílogo…
 
Sí, es verdad. Les estoy muy agradecido tanto a Luz Pozo Garza como a Ramón Cao Martínez. No pensaba que ellos tuviesen una reacción tan favorable al leer mis poemas. Tenía muchas reservas al respecto.

El primer libro que leí de Luz Pozo fue Códice Calixtino, lo recuerdo bien, fue a finales de los años noventa, durante mi último curso de Bachillerato. ¿Cómo podía imaginar entonces que ella, una pluma tan ilustre, pondría las palabras preliminares a un libro mío? ¿Qué puedo decir de un prólogo tan hermoso? Siento mucha gratitud. Respecto a Ramón Cao, antes de conocerlo personalmente ya había leído varios artículos de su cosecha sobre Thomas Merton y Octavio Paz. Siempre me pareció la persona idónea para escribir unas líneas sobre mi poesía. Tenemos muchas afinidades intelectuales. Lo cierto es que ha hecho un trabajo magnífico; ha comprendido a la perfección el sentido de mis poemas.
Páginas: 1 2 
Marco legal | Contactar