Julio Lamelas Míguez
El autor

Ensayos

FIGURAS BÍBLICAS. JOB



Agradezco al grupo de investigación Panadero Eurisaces
la oportunidad de iniciar esta sección de teología con un tema
que es el primero de una serie sobre las figuras bíblicas.

Me he inspirado en el título de un curso en el que participé
como ponente celebrado en la Universidad de las Islas Baleares
(Palma de Mallorca), del 19 de octubre de 2009 al 11 de enero
de 2010: Figures Bíbliques, en un contexto de diálogo con
expertos en literatura, filología, arte, música y teología.
Además quisiera dedicar este primer estudio “in memoriam”
a la gran figura que fue el Cardenal Carlo María Martini,
maestro en Ciencia Bíblica y a quien siempre admiré
y seguí en su trayectoria y escritos.
 

Mujeres y hombres de carne y hueso
 
Uno de los grandes valores de la Biblia es que nos enseña a vivir la fe, la amistad, el amor, el compromiso... con el ejemplo de personas concretas. Los seres humanos necesitamos modelos con los que identificarnos, sin caer en la idolatría: artistas de cine, jugadores de fútbol, campeones olímpicos, héroes militares, grandes empresarios o eminentes políticos... La Iglesia, consciente de este hecho, fomentó durante siglos la lectura de la vida de los santos. Estas biografías han quedado desprestigiadas en gran parte porque, a veces, sus autores deformaban la verdad, convirtiendo al protagonista en un ser perfecto, angelical e insoportable. Muchos no se sienten o sentimos con vocación de santos ni de políticos. Nos contentamos con ser bondadosos, amables, serviciales... cayendo y levantándonos continuamente. Para ellos, la lectura de la Biblia puede ser un gran descubrimiento. Mujeres y hombres de carne y hueso, con virtudes y fallos, momentos de ilusión y desánimo.

                
 
                                                  Job con su mujer (detalle),                           Jeremías (detalle),
                                                                 por Durero                                            por Rembrandt


Quien atraviesa una crisis de vocación, podrá aprender mucho del itinerario de Jeremías y sacar fuerzas para seguir su camino; el que nota que su fe pierde cada vez más contenido y se limita a dos o tres ideas (a veces ni las esenciales), podrá consolarse recordando la experiencia de Qohelet; quien en momentos de gran dificultad o crisis profunda sea incapaz de adoptar una actitud cristiana ante el sufrimiento, podrá actuar como Job, que se rebela y lucha, interroga y blasfema en busca de respuesta.

¿Por qué inicio esta serie de estudios por Job? Quizá por comodidad, porque lo tengo muy estudiado y también porque, como decía mi gran profesor en Roma, Luis Alonso Schökel, su libro “es una cumbre de la literatura universal. Como Edipo, Hamlet, Don Quijote o Fausto, su protagonista se ha convertido en punto de referencia, prototipo de una actitud ante la vida”1. O como decía a principios del siglo XIX, el gran deán ourensano, Juan Manuel Bedoya, en la introducción a su traducción y comentario al libro de Job, que leemos en manuscrito, “el libro de Job es el más magnífico y sublime, y también el más intrincado y difícil de los libros santos después del Apocalipsis y los Cantares; y esto no sólo por los misterios que encierra, conteniendo a un tiempo historia, doctrina y profecía, sino por el lenguaje y estilo mezclado de razones cortadas, alusiones desconocidas, frases hiperbólicas, en un hebreo sembrado de voces y modismos árabes, sirios y caldeos…” que lo hacen muy difícil de interpretar2.

No es mi intención hacer un exhaustivo análisis exegético de la obra o determinar la historicidad de su autor o de su protagonista, sino aportar algunos elementos de reflexión que, a partir del personaje, pueden ayudarnos a comprender o no el misterio de la vida. Porque se trata de un drama “con muy poca acción y mucha pasión. La pasión que un autor genial, anticonformista y provocador, ha infundido en su protagonista. Insatisfecho y disconforme con la doctrina tradicional de la retribución, ha opuesto a un principio un suceso, a una idea un hombre” y, al mismo tiempo, es “un libro singularmente moderno, provocativo, no apto para conformistas. Fascinador y desconcertante. Es difícil escucharlo sin sentirse interpelado, es difícil comprenderlo si no se toma partido”3.
 
Por todo ello haré unas breves consideraciones sobre su personaje y su mensaje de gran actualidad para el hombre y la mujer de hoy.
 
 
          Línea de tiempo y géneros de los libros sagrados mencionados

 
El personaje
 
Había una vez en tierra de Hus un hombre que se llamaba Job...(Job 1,1). Aunque no sabemos con certeza dónde se encuentra Hus, sí sabemos que no es un territorio israelita. Es decir, el autor ha escogido como héroe de su historia o drama a un extranjero. ¿Por qué? Por respetar la tradición o leyenda - dicen algunos-. Ezequiel menciona como prototipos de santidad en el cap. 14 a Noé, Danel y Job. Noé es personaje de diluvio (Gn 6-9); a Danel lo conocemos por la literatura cananea. ¿Y Job?  Quizá la leyenda contaba la vida paciente y heroica de un Job de tiempos patriarcales antes de que Israel existiese. El autor habría tomado la figura de un no-israelita para protagonista de la obra, respetando el perfil o varios elementos de la tradición.
 
Pero, ¿por qué eligió esa figura? Probablemente porque quiere enfrentarse a teorías demasiado arraigadas en su pueblo de Israel y demostrar que fuera de Israel también se ha revelado Dios de un modo que corregirá y completará la revelación de los israelitas, y además ha querido dar un carácter universal a su figura y obra, de modo que la experiencia de Job no es específicamente israelita, sino humana, universal; la sabiduría que en la obra se debate y se despliega no es patrimonio exclusivo de un pueblo, sino riqueza de libre importación.
 
Si Hus se encuentra en Edom que es lo más probable, tenemos a un edomita, descendiente de Esaú (Gn 36,11) y enemigo de Israel-Jacob, dando lecciones a Israel4. Su nombre ´iyyob- podría derivar de dos raíces semíticas: 1) ´yb- “enemistad” (´oyeb = enemigo) -en forma activa- “el enemigo inveterado”de Dios o en sentido pasivo, de modo que el “enemigo es Dios”- y Job una víctima de una cruel apuesta. 2) ´wb- de origen árabe, con el correspondiente hebreo swb- “volver o arrepentirse”. En este caso Job sería el que vuelve, el arrepentido o el penitente.
 
Pero nombre y patria importan poco en la historia al lado del perfil religioso, ético y social del personaje5.

El mensaje
 
Job es uno de los personajes más famosos y el menos conocido. Incluso se ha falseado por completo. Se ha hablado de él como “el justo paciente” y más bien habría que llamarlo “el justo rebelde”. Es aquí donde radica la ironía de la obra: El Job paciente que acepta el sufrimiento, que no habla mal de Dios cuando lo pierde todo, termina transformándose en un personaje rebelde, sarcástico, incluso blasfemo.


            

Ilustraciones del libro de Job (detalle), de William Blake

 
Su humildad es muy distinta al principio y al final: al principio acepta la pérdida de los seres queridos, sus bienes, su salud. Al final acepta que no lleva razón cuando discute con Dios. Esto supone una humildad más profunda, no fruto de una evolución, sino de la adquisición de un nuevo conocimiento de Dios: Te conocía sólo de oídas, ahora te han visto mis ojos.
 
Lo que está en juego no es tal o cual sufrimiento, sino la posibilidad de compaginarlo con la existencia y la bondad de Dios. Mientras no cambie la imagen que tenemos de él, no solucionaremos nada. Este tema ha sido planteado siempre en la historia y en la literatura desde una perspectiva religiosa y otra intelectual:
 
  1. Religiosa: ante el problema del mal: paciencia y súplica para que los dioses devuelvan la felicidad y se supere la prueba. Postura que puede contener en sí una idea errónea deDios basada en una teología de “máximas de arcilla y proverbios polvorientos”, como reprocha Job a sus amigos.
  2. Intelectual: lo único importante es debatir el problema, buscando una justificación lógica. No se acude a la oración ni a otras actitudes piadosas. Riesgo de desconcierto absoluto ante el problema y a un mayor pesimismo (véase “Teodicea Babilónica”).
 
En el libro de Job tienen cabida esas dos posturas: Job ora y se humilla, pero también se rebela, discute y rechaza los argumentos que considera inválidos. Realmente, en la lectura del texto, los discursos intelectuales de los amigos, sus razonamientos repetitivos, producen hastío, son pobres, simples, anticuados... Sin embargo, Job no se repite. Insiste en algunas ideas, pero sus discursos siempre aportan algo nuevo.
 
Ellos defienden la justicia de Dios a través del principio básico (tradicional) de la relación entre pecado y castigo, algo que choca con la experiencia, al ver, por ejemplo, la prosperidad y bienestar de los malvados (Job 21). Ante el problema del mal, del sufrimiento, disculpan a Dios acusando al hombre de haber pecado: Job, si te pasa todo eso, es que has pecado. Considerándose inocente, también reconoce que en determinados momentos ha cometido fallos y pecados, pero niega que exista proporción entre esos pecados y lo terrible del sufrimiento.


         

Ilustración del libro de Job (detalles)

 
La actitud de los amigos es superficial, ingenua -no consiguen defender a Dios y terminan irritando más al que sufre-. Además es irónica: los defensores de Dios se convierten en instrumentos de Satán. Las mentiras hieren más que cualquier tipo de sufrimiento. Y la teología de los amigos está plagada de “mentiras e injusticias”. Cultivan una convicción religiosa más que una relación vital con el Dios vivo.

El problema del mal nos da miedo. Por eso intentamos esquivarlo. Tenemos el problema del hambre en el mundo y solemos culpar a las grandes potencias de egoísmo y a los gobernantes de los países tercermundistas de gastar en armamento lo que podrían dedicar a engrosar el nivel de vida de sus ciudadanos. Todo eso es cierto. Pero, mientras lo planteamos así, no “cogemos el toro por los cuernos”.
 
Porque el responsable último de la creación es Dios. ¿Cómo no interviene? ¿Por qué tolera esas injusticias? Y Job dice más todavía: Dios se burla de la desgracia de los inocentes.
 
La solución no está en los discursos de los amigos sino en los discursos de YHWH que no tratan el problema del mal ni dicen nada del sufrimiento, sólo hablan del cielo, las estrellas, la lluvia, los animales... para responder a dos reproches que le hace Job: La tierra es un caos y se encuentra en poder de los malvados. La solución está en admitir que el mundo está en un proceso continuo de creación y que el mal forma parte de este proceso. Y reconocer que dentro de este proceso es necesario un más auténtico conocimiento de Dios: “no de oídas, sino de veras”. Una nueva experiencia de Dios, unida a una nueva experiencia de lo que significa ser hombre. En una serie de preguntas interminables y descripciones, lo que el autor pretende es que el hombre salga de sí mismo. Ante el problema del mal, corre el peligro de encerrarse en unos límites muy reducidos. Incluso cuando piensa en el mal de la humanidad, termina convirtiéndose en el centro del universo y juzga todo según sus propios criterios. Impide una visión global y objetiva. Por ello, el autor fuerza al protagonista -Job- a abrir los ojos y a mirar al mundo exterior, para que se olvide un poco de sí mismo y reconozca su pequeñez ante algo que lo supera por completo.

 
         

Ilustraciones del libro de Job (detalle)

 
El centro del universo no es el hombre, sino el universo mismo, como obra global de Dios. Y esto se enlaza con el segundo camino de solución: la experiencia nueva de Dios. El error más grande del hombre religioso consiste en creer que conoce a Dios porque ha oído hablar mucho de él o se ha consagrado a Él o lo ha estudiado en los libros de Teología. Y de nuevo el “ritornello”: Te conocía sólo de oídas, pero ahora te han visto mis ojos. Se trata de un nuevo modo de alcanzar la sabiduría. Job pasa de la acusación a la alabanza consciente de que la vida es gratuidad y no debe ser vivida desde la “óptica mercantilista” (“do ut des”) de la doctrina de la retribución. El hombre debe ser religioso (temeroso de Dios, respetuoso) por nada a cambio, ni por dinero, ni poder, ni por lujo, ni placer. Para poder participar de la sabiduría se le exige una disposición creatural,tener temor (respeto) del Señor (Yirat YHWH)y apartarle del mal (Job 28,28; cf.Prov 3,7). Job ya era temeroso de Dios y  apartado del mal (1,1). Sin embargo, el autor pretende criticar (Job 28) la actitud dogmática de los amigos de Job mediante la afirmación indirecta de que la doctrina de la retribución no tiene nada que ver con la auténtica sabiduría y con el discurso sobre Dios, con la auténtica teología.

Al principio, Job sólo conocía a Dios de “oídas”. Sólo la “visión” de YHWH, guía sabio del orden cósmico (que naturalmente puede subsistir sin Job), sólo la cercanía y la experiencia del misterio ayudan a Job, y a todo ser humano, a buscar el camino de salida: Ahora te han visto mis ojos (42,5). Pero la trayectoria es desconcertante: a través de la rebeldía, el rechazo de soluciones prefabricadas, el ansia de discutir y luchar con Dios hasta cansarlo para que hable. Y, al fin, habla, pero habla desde la “tormenta”, el “torbellino” (quizá para adensar el silencio expectante) para indicar que sí escucha las quejas de Job pero desde el punto de vista de la divinidad (Teofanía). Sólo desde el desasimiento y la intemperie, sin realidad alguna o intermediario-amigo que interfiera en el encuentro Dios-hombre, es capaz Job de dejar entrar la luz a través de la maraña mental que lo torturaba. Por eso pasa de la acusación a la alabanza, tiene una nueva experiencia de Dios y descubre el camino para resolver personalmente el problema del mal y alcanzar la auténtica sabiduría o alcanzándola buscar la solución6.

 
                                                     
 
                                                      Job en el muladar,                                            Job y sus amigos,
                                     en la iglesia de San Salvador de Río                      en el coro del monasterio
                                                  (Vilamarín, Ourense),                                  de Montederramo (Ourense),
                                            s. XVIII (fotografía del Autor)                                s. XVII (fotografía del Autor)


¿Y los amigos? Dios da la razón a Job y acusa a sus amigos de “haber hablado mal de Dios”. Y lo han hecho pero sin mala intención. ¿Qué significa hablar bien de Dios? ¿Repetir que es bueno, justo, omnipotente? Ante una persona que sufre, hay veces en que la única manera de hablar bien de Dios es no hablar de Él. Y los amigos sólo callan al principio. Luego hablan. Y lo estropean todo. Como no tienen mala voluntad, el Señor los perdona fácilmente. Sólo tienen que ofrecer en holocausto siete novillos y siete carneros. Para ellos no suponía mucho. Una insignificancia para la infinita misericordia de Dios.
 
¿Y Dios qué dice de Job? Que  ha hablado bien de Él. ¿No se contradice con sus acusaciones, insultos, blasfemias? A primera vista, sí. Pero Job ha hablado bien de Dios, a pesar de su rebeldía, porque en todo momento ha tenido una idea más exacta de él. No lo ha encasillado en fórmulas baratas ni en interpretaciones ridículas ni en teorías espiritualistas. Porque después de conocerlo sólo de oídas ha tenido una experiencia seria y profunda de Él. Job se ha expresado con rabia y amargura, pero también con tremenda seriedad. Y de Dios sólo se puede hablar seriamente7.♦ [Ourense, octubre de 2012]


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1 L. Alonso Schökel - J. L. Sicre, Job, Madrid 1983, p.21.
2 Véase J. M. Bedoya (1770-1850), Los poetas inspirados o traducción en verso castellano de los libros poéticos de la Sagrada Escritura con notas tomadas de los Santos Padres y Expositores Católicos. Parte Dramática: Job y los Cantares de Salomón, Obra manuscrita, p.5. Terminada el 22 de Mayo de 1827, en el monasterio de San Esteban de Ribas de Sil, donde el autor se hallaba exiliado.
3 Véase Schökel - Sicre, op. cit. pp.13-15.
4 Véase L. Alonso Schökel, Job, Madrid 1971, pp.17-18.
5 Véase también V. Morla Asensio,Libros sapienciales y otros escritos, Estella-Navarra 1994, pp.144-179.
6ase Morla, op. cit. p.163.
7 J. L. Sicre, Introducción al Antiguo Testamento, Estella-Navarra 1992, pp.269-275.

BIBLIOGRAFÍA
 
- L. Alonso Schökel - J. L. Sicre, Job, Madrid 1983.
- J. M. Bedoya,Los poetas inspirados o traducción en verso castellano de los libros poéticos de la Sagrada Escritura con notas tomadas de los Santos Padres y expositores católicos. Parte dramática. Job y los Cantares de Salomón, Manuscrito, San Esteban de Ribas de Sil (para Job), Ourense 1827.
- J. Lamelas Míguez, Un comentario del siglo XIX al libro de Job: Juan Manuel Bedoya (1770- 1850),Porta da Aira 4 (1991) 101-125.
- J. Lamelas Míguez, La historia de Job en la iconografía: S. Salvador de Río (Vilamarín) y Monasterio de Montederramo - Orense, Porta da Aira 2 (1989) 1-18.
- G. Ravasi,Giobbe,Borla, Roma 1984.
- J. L. Sicre, Introducción al Antiguo Testamento, Estella-Navarra 1992.
 
Ilustraciones del libro de Job (detalles), de William Blake (1757-1827), fotografías cortesía de César Ojeda, publicadas en Odisea 2008 (entrada de blog del 29 de mayo de 2009), obtenidas de la obra Illustrations of the Book of Job. Esta emisión es una reproducción facsimilar reducida (D. Appleton, New York 1903) de la edición original publicada por Blake en el año 1826, según indicación de Ojeda.
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